jueves, 30 de octubre de 2014

‘Halloweenmanía’ o el terror como negocio


Esta celebración, que en países como Estados Unidos y Canadá desata el delirio colectivo, era hasta hace no mucho exclusivamente anglosajona, pero se ha ido extendiendo igual que una pandemia y hoy día es un fenómeno con el que hacer caja a lo bestia en la mayor parte del mundo occidental.

En España, sin ir más lejos, la fiebre de la calabaza diabólica ha calado hondo. Sobre todo, entre los niños. Estos contemplan la iconografía del terror con la lógica fascinación que produce lo prohibido, y más aún si viene envuelto en bruma y misterio y suena de fondo Tubular Bells.

viernes, 24 de octubre de 2014

Palabras inmortales

El equipo principal de la Expedición Terra Nova (Polo Sur, enero de 1912).

Igual que esa botella con mensaje que las olas transportan milagrosamente de un continente a otro, y que muchos años después de ser lanzada es encontrada por unos niños que juegan en la playa, en la Antártida el deshielo ha desenterrado un diario escrito por un explorador británico hace más de un siglo.

George Murray Levick, que es como se llamaba el autor de las páginas resucitadas, formó parte del «equipo Norte» de la expedición Terra Nova (1910-1913), la tercera emprendida por el Reino Unido en el siglo XX a esa despiadada tierra.

lunes, 20 de octubre de 2014

Los artistas y la imbecilidad



En una reciente entrevista de Luis Martínez para el diario El Mundo, espléndida como casi todo lo que escribe, el actor argentino Ricardo Darín, quien promociona estos días la película Relatos salvajes, declaraba con una lucidez que debería ser dogma: «No me siento habilitado ni autorizado a considerarme una cosa especial. El día que empiezas a creerte algo de lo que te dicen alrededor tuyo, estás frito. Un día va a dejar de sonar el teléfono y no importará todo lo que pasó antes. Soy un privilegiado y encima me abrazan por la calle. Si me miro al espejo y me creo que soy Ricardo Darín, soy imbécil. Ese no soy yo».

martes, 14 de octubre de 2014

Sabina, 5.475 noches después (un breve repaso a la historia de su ‘mejor’ disco)

Joaquín Sabina y Javier Menéndez Flores, en la casa museo del primero, en el verano de 1998, un año antes de que viera la luz 19 días y 500 noches.

En un principio iban a ser sólo dos conciertos en España, uno en Madrid (13 de diciembre, Barclaycard Arena) y otro en Barcelona (22 de diciembre, Palau Sant Jordi). Sucede que las entradas para el primero salen a la venta y en apenas dos horas se evaporan igual que si las regalasen. Ante tamaña avalancha, los promotores se ponen las pilas y añaden una segunda fecha en la capital (el 16 de ese mes). En esta ocasión los tíquets vuelan en la mitad de tiempo, por lo que no hay que descartar que se anuncie una tercera cita. La ciudad que le ha rendido a Sabina semejante declaración de amor, la mayor que puede recibir un músico, es aquella en donde vive desde hace casi 40 años y a la que, por mucho que tontee con otras, siempre termina volviendo.

domingo, 12 de octubre de 2014

Dylan, ‘Nobelable’ y libresco


Disparate para unos y acto de justicia para otros, lo que no admite duda es que el de Bob Dylan (Duluth, Minnesota, Estados Unidos, 1941) es un caso aparte dentro de la envidiada nómina de los favoritos al Nobel de Literatura de los últimos años.

Marca internacional y quintaesencia del poeta con guitarra gracias a un talento tan inmenso como la suma de su ambición y su ego, conviene precisar que no hay un solo Dylan sino múltiples: el cantor de las miserias humanas, el músico solvente e infravalorado, el filósofo, el antibelicista, el símbolo generacional, el lúcido cronista del devenir, el novelista infumable, el erudito de la música autóctona, el locutor y disyóquey de fino paladar, el anacoreta, la pesadilla de todo entrevistador. Sin embargo, todos esos Dylan y otros muchos confluyen en el mismo Bob: el hombre que ha hecho de la búsqueda de la canción perfecta el sentido último de su existencia.

viernes, 10 de octubre de 2014

‘Cuerpos, teorías, deseos’: elogio de la belleza y algo más


Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) es muchas cosas: poeta, novelista, ensayista, traductor, articulista, adaptador teatral, magnífico conferenciante y un intelectual no de salón, sino combativo; de esos que se adentran en el fango de la actualidad aunque echen a perder con ello su impecable atuendo (el dandismo, en él, es otra filiación). Pero, sobre todo, se siente poeta, como confiesa orgulloso en la contracubierta de la completa y cuidada antología poética que acaba de editar Verbum, Cuerpos, teorías, deseos. Poemas escogidos. Esta recorre toda su obra en verso, desde su ópera prima, el aún moderno Sublime Solarium (1971), hasta el legado de sabiduría y nostalgia, con ecos viscontianos, que es Proyecto para excavar una villa romana en el páramo (2011), y nos ofrece una visión bastante certera del catálogo de sus obsesiones (no solo literarias, también vitales).

martes, 7 de octubre de 2014

Una vitrina de espuelas


Cada día, un nuevo escándalo político. Cada día, un nuevo caso de corrupción. Y ahora se suma a esta ceremonia de la desfachatez una colosal negligencia médica que está prendiendo la mecha del pánico, y con razón: el ébola nos ha estallado en casa.

Escribo esto y no consigo salir de mi asombro. Es que no doy crédito. Estamos en manos de facinerosos con corbata, de chorizos que posan en las fotos riendo a mandíbula batiente mientras arrecia la tormenta colectiva, de lerdos de solemnidad. Estamos en manos de gente que por manos tiene pies y por cabeza el serrín de la avaricia y la incompetencia.

domingo, 5 de octubre de 2014

Extremoduro: viaje al fondo de la ‘bestia’

De izqda. a dcha., Javier Menéndez Flores, Iñaki Uoho Antón, José Ignacio Cantera y Miguel Colino en el Hard Rock Café de Madrid el día de la presentación de la gira Para todos los públicos.

Robe e Iñaki ‘Uoho’ hablan por vez primera en una década para ‘Rolling Stone’ y dejan constancia de una marcada lucidez y unos principios artísticos inquebrantables.

Por Javier Menéndez Flores - 9 de septiembre de 2014

Si existe en nuestro país un grupo de música que se haya adherido con fiereza a la máxima «deja que sea tu obra la que hable de ti y te retrate», ese es Extremoduro. Parapetados tras sus canciones como torres, a las que Roberto Iniesta (Plasencia, 1962) e Iñaki Uoho Antón (Bilbao, 1964) se entregan igual que a un sacerdocio, desde que se convirtieron en los monarcas del rock patrio han evitado en la medida de lo posible la exposición pública. Porque quieren y porque pueden.

viernes, 3 de octubre de 2014

Nostalgia de los gigantes



Se acaba de editar en España el libro Yo soy Espartaco (rodar una película, acabar con las listas negras), en el que Kirk Douglas (97 años) narra su lucha contra la «caza de brujas» diseñada por el senador republicano Joseph McCarthy en los primeros años cincuenta del pasado siglo, y que llevó a que intelectuales, directores de cine y actores fueran exhaustivamente investigados, y algunos de ellos encausados (y demonizados), por su supuesta simpatía por el comunismo.

El tema de esta entrada no es aquel execrable episodio de acoso civil, una mancha en la historia estadounidense reciente, sino la figura, la estampa, el símbolo que es ―y, sobre todo, fue― Kirk Douglas, uno de esos actores enteros que conforman una estirpe única.

jueves, 2 de octubre de 2014

Malcolm Young, entre tinieblas



Si ha habido en el mundo del rock un metrónomo humano, alguien que marcara el compás con la precisión de una máquina exactísima, ese ha sido Malcolm Young (Glasgow, Escocia, 1953).

Mientras su célebre hermano punteaba igual que un demonio de Tasmania, haciéndose dos maratones y medio por concierto, con las piernas desnudas y la guitarra al frente como un ariete cantarín, Malcolm era la figura estática que se mantenía en un segundo plano pero que conseguía que el público bailara sin cesar al ritmo que él imponía, tan contagioso como infalible.

Las cosas que más amo (a modo de presentación)


Dejando a un lado a un reducido número de personas, las cosas que más amo tienen que ver, todas, con el arte y con la cultura: la literatura, la música, el cine. Y no siempre por ese orden.

Aparte de los momentos vividos con ese reducido número de personas, mis mayores retazos de «felicidad» están ligados al placer y a la emoción que provocaron en mí la lectura de un libro, la escucha de un disco o el visionado de una película. Ahí está todo. La grandeza y la miseria humanas. La ambición y la lucha. El fracaso y la pérdida. Absolutamente todo.